domingo, 21 de junio de 2015

Las Pipinas: una historia en primera persona


Por Delia Tiznado

La vuelta al pueblo que decayó y ahora vuelve a renacer, con el trabajo de las personas que continúan creyendo que todo es posible.

Son las cuatros de la mañana y me encuentro lista y nerviosa para ir a Las Pipinas, a ese pueblo que fue parte de mi vida. Aunque yo no soy nativa de allí es como si lo fuera, a pesar de que hace más de dos décadas que partí.

Llegué a Las Pipinas a fines de 1960 cuando estaba en escuela primaria y siempre me llamó la atención que estando tan cerca de Buenos Aires no tuviera luz eléctrica si, como leyeron, no había luz eléctrica.

Llegue a vivir allí, porque por mis padres eran empleados ferroviarios, y fueron trasladados a ese lugar. Éramos oriundos de Challacó (Pcia. de Neuquén) un pueblo petrolero que no existe más. Aún recuerdo que mi mamá tenía dos destinos  para elegir Las Pipinas y Mar del Plata y por esas cosas de la vida, eligió Las Pipinas. 

Era un 26 de septiembre a las 22hs y entre la llovía torrencial nosotros llegamos a Las Pipinas. La estación estaba alumbrada por faroles y velas…cuando amaneció, el día era luminoso y la imagen del pueblo era un gran monte de eucaliptos que rodeaban una fábrica, la fábrica que le daba vida al pueblo. Sin dudas, era el alma del pueblo, todos sus habitantes dependía de ella; además estaba el personal ferroviario y la gente que se dedicaba al transporte del cemento.

El pueblo fue creciendo igual que nosotros, en el año ….. vino la luz y la fisonomía de Las Pipinas fue cambiando. Se creó la iglesia con la ayuda de la fábrica, pero también se mejoró la educación, se creó el Club Corcemar, el consultorio médico y los niños tenían sus juguetes todos los días de reyes. Todo provenía de los aportes que esta emblemática fábrica le brindaba a la gente.

Paralelamente, se crea la Municipalidad, la salita de primeros auxilios -de la cual me siento muy contenta de haber sido parte de su personal-; dentro del predio de Corcemar existía una escuela para niños con capacidades diferentes  y un Jardín de Infantes.

Las familias de Las Pipinas disfrutaban mucho del Club, cuando llegaba el verano los niños gozaban de sus vacaciones y cuando éstas terminaban se hacía un campamento de 10 días en el vivero de San Clemente .Todo se conseguía con el apoyo y trabajo de sus padres.

Mi historia en Las Pipinas…

Yo, formé mi hogar, me casé y nacieron mis hijos en Las Pipinas, pero cuando ellos estaban en la primaria, llega la mala noticia de que la Fábrica  Corcemar fue vendida a Loma Negra y la gente comenzó a desesperarse, porque muchos se quedaban sin trabajo y veían que todo por lo que habían  luchado se derrumbaba. 

Los que eran fleteros, -como en nuestro caso-, sentimos el cimbronazo y tomamos la decisión de partir. En el año …. con mucha tristeza sobre nuestras espaldas, nos vinimos a vivir a Olavarria; el desarraigo fue fuerte, pasamos de vivir en un pueblo a una ciudad, con otras costumbres y tradiciones…luchamos y acá estamos, nada nos fue fácil.

Mi historia hoy….

Mi gran alegría vinculada con Las Pipinas, sucedió hace poco. Un día vi, -al abrir la computadora- una foto de mi pueblo donde aparecía mi antigua casa y descubrí que las personas que se habían quedado luchaban y luchaban para sacarlo adelante. Aquellos chicos, de la edad de mis hijos, no se rindieron.

Hace poco volví para la fiesta por los 100 años de Las Pipinas.  Nos reunimos más de 3000 vecinos y ex vecinos, con mucha felicidad y nostalgia por los años vividos allí se sucedieron hermosos encuentros, muy emocionantes.

A la fiesta me acompañaron mi hija, mi yerno y mis nietos y allí pude ver cómo los años han pasado…

Renacen Las Pipinas

Hoy Las Pipinas  ofrece al turismo el atractivo de una pequeña comunidad rural con un rico patrimonio natural y cultural. Cuenta con un hotel recuperado y puesto en marcha por una cooperativa de trabajo, una exquisita oferta gastronómica donde se pueden degustar ricos manjares naturales.

Aquellas calles de conchillas quedaron en el pasado, hoy la mayoría han sido asfaltadas y están rodeadas de grandes arboledas. Se ha creado un pequeño hospital con guardias de 24 hs., se recuperó el club y aquella vieja fábrica que tanto nos brindó, ahora es sede de fabricaciones de cohetes.

Sin dudas, el gran atractivo por estos tiempos es el Parque Costero del Sur patrimonio Cultural protegida por la UNESCO.

Me quede con mucha pena tener que dejar Las Pipinas pero ya volveré y les digo a los que viven allí, sigan adelante. Seguramente será una visita, porque mi hogar hoy está en Olavarria, pero siempre estarán en mi corazón de eso estén seguros. 





3 comentarios:

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  2. cuantos recuerdos te habrán venido a tu mente al volver al lugar donde fuiste a la escuela y luego formaste una familia y ver que el pueblito no se había quedado estancado o como en otros casos desaparecidos.Me gusto mucho la nota

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